El lunes de la semana pasada tenía intenciones de hacer la portabilidad de toda la infraestructura de comunicaciones de la familia de Movistar a Vodafone. La oferta que me ofrecía esta segunda compañía (con la que tuve en el pasado problemas por el cobro indebido en una factura) era tentadora, con un ahorro importante de aproximadamente 70 euros durante el primer año (permanencia mediante).
El martes vino el técnico a casa a instalarme el router, el decodificador de la televisión y todo funcionaba de maravilla. En cuanto a las tarjetas SIM para los cuatro móviles me comentaron que el jueves por la tarde podría pasar a recogerlas en una tienda de Vodafone elegida por mí.
Ese día, por la tarde, pasé por la tienda a preguntar por las tarjetas SIM y la dependienta me dice que no están allí… Ella me pregunta si había recibido un SMS confirmando la recogida de las tarjetas y le digo que no, que la comercial se comprometió a enviarlas el jueves. Recuerdo que le recalqué a la comercial que me hizo la oferta en su momento, la importancia de recoger las tarjetas ese día y no más tarde porque el viernes a primera hora mi esposa tenía que viajar por motivos laborales.
La dependienta de la tienda me dice que no podía hacer nada y que aunque la portabilidad se haría efectiva el 3 de octubre, el viernes 27 me quedaría sin líneas de móvil. Me quedo perplejo ante tal situación y le digo si no hay alguna manera de solucionar el problema, que cómo es posible que que corten una línea móvil sin haber recibido las nuevas tarjetas SIM y activarlas. Tampoco supo contestarme.
Me pareció una jugarreta, me mintieron y desde aquel momento no quiero seguir con la portabilidad y decido cancelarla.
Me pongo en contacto con Movistar y ellos me facilitan un número de teléfono de Vodafone donde pedir la cancelación de la portabilidad, sin tener que dar explicaciones.
La operadora cuando le digo que quiero cancelar cambia su actitud y se pone borde. Me dice que tendré que correr con los gastos de instalación (instalación que era gratis, claro) y que el monto total es de 150 euros. Le digo que eso no es así, que como consumidor tengo un periodo de desestimiento de 15 días y que durante esos días puedo cancelar la portabilidad en curso. Me contesta que eso no es así, y me lanza a ilustrarme la situación con un ejemplo de lo más rocambolesco:
“Señor, esto es como si en su casa usted llama a un albañil para que le alicate el baño y luego usted le dice que no le gusta el estilo de los azulejos y que quiere que se los desmonte gratis”. Como decía Alejandro Sanz: “No es lo mismo”.
¿Y si el servicio no me gusta simplemente porque no cumple con mis expectativas?, ¿me lo tengo que tragar si o si? ¿no puedo volver atrás?
Parece ser que esta técnica del miedo la usan todas las compañías de telefonía para amedrentar a los clientes que se arrepienten de hacer una portabilidad, pero al final todo esto se queda en NADA.
Volver a Movistar fue un poco coñazo porque aunque las líneas móviles ni las tocaron (seguían funcionando con normalidad durante el proceso), reinstalar el teléfono fijo, el Internet y la televisión llevó un poco más de tiempo. No exagero si digo que hice más de 15 llamadas al 1004 y al 1002 con infructuosos resultados: operadores que no se enteran, cuelgues de la llamada, números de teléfonos que no existen, etc.
Ni siquiera en una tienda Movistar me pueden ayudar para pedir que un técnico venga a casa. Tengo que ser yo quien lo pida a través del 1002 (¡otra vez!). La suerte quiso que en la última llamada consiguiera pedirle a la maquinita el técnico que estaba reclamando.
Hay que decir que podría haber yo mismo quitado la ONT, el router y el deco de Vodafone y volver a poner los mismos dispositivos de Movistar. Pero no quería arriesgarme a que no funcionara y que luego los de Movistar me dijeran algo por haber metido mano.
Hoy, una semana después del comienzo de la odisea, vino el técnico y simplemente conectó los equipos antiguos y posteriormente hizo unas pruebas. Todo funcionó correctamente a la primera.
Con lo cual, sigo en Movistar y de Vodafone no quiero ni oír hablar.